lunes, 12 de agosto de 2013

¿Quién soy yo para juzgar?

En la que quizá ha sido la declaración más reproducida de su breve papado, el santo padre Francisco no hizo una afirmación dogmática, sino una pregunta cargada de humildad: “¿quién soy yo para juzgar a los homosexuales?” Tras una larga entrevista en la que habló cara a cara con un grupo de periodistas, el Papa 266 tocó una serie de temas que seguramente sus asesores de prensa le habrían pedido evitar: los escándalos del banco del Vaticano; el papel de la mujer en la Iglesia; el arresto de un monseñor de la Curia; su relación con Benedicto XVI (situación inédita en la historia católica); la posible fecha para canonizar a Juan Pablo II y el robo y de documentos de Benedicto XVI. Se trata, por donde se le vea, de una agenda de escándalos del más alto riesgo. Demostrando que la honestidad es la mejor política, al ser cuestionado sobre su postura personal acerca de la homosexualidad respondió con contundencia, afirmando que la orientación sexual merece respeto. Demostró así, con unas pocas palabras, un ánimo de no discriminar, de no dividir a la humanidad por sus preferencias sexuales, de erigirse no como un juez sino como un hermano solidario. Aunque no hubo declaraciones significativas de parte de jerarcas católicos, dado el respeto que le deben al supremo pontífice, más de uno habrá arqueado las cejas al enterarse de estas declaraciones, sobre todo considerando que la postura de la Iglesia es ambigua respecto a los homosexuales. Según el Catecismo de la Iglesia Católica, que podría considerarse la postura oficial de esta institución milenaria, los homosexuales “deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta”. No obstante, el catecismo también afirma que los actos homosexuales “no pueden recibir aprobación en ningún caso” y muchos grupos católicos en diversos países trabajan activamente para bloquear su acceso a prerrogativas que otros ciudadanos sí tienen, específicamente el de casarse, con todos los derechos a la seguridad social y patrimonial que implica. Claro está que —como dijo el Cardenal de Milán, Carlo Maria Martini, en su diálogo epistolar con el filósofo Humberto Eco titulado ¿En qué creen los que no creen?— "la iglesia no satisface expectativas, celebra misterios", por lo cual no se puede esperar que su postura institucional se transforme al vertiginoso ritmo de las sociedades contemporáneas. Sin embargo, resulta positivo y esperanzador que el papa Francisco asuma una postura más abierta y más contemporánea, muy lejos de los papados intolerantes y persecutorios. Vemos un papa más carismático, más abierto, más Juan Pablo y menos Benedicto. Bien haríamos los laicos en aplicar ese “¿quién soy yo para juzgarlos?” en todos los aspectos de nuestra vida, sobre todo en los cívicos: ¿quién soy yo para juzgar a quien es de un color de piel diferente al mío, a quien profesa una religión distinta, a quien es ateo, a quien se dice de izquierda o de derecha? Ese es precisamente el ánimo de quienes nos asumimos como concertadores, pues sabemos que ahí, en la tolerancia a la diversidad, está la base de la pluralidad constructiva, de la unidad entre los diferentes que será la base para edificar un México pacífico, justo y próspero. www.twitter.com/ManuelEspino manuespino@hotmail.com

miércoles, 13 de julio de 2011

Panistas: a volver a empezar

Al PAN le urge salir del marasmo y el aturdimiento político en el que lo sumió la estrepitosa derrota de las pasadas elecciones que, acumuladas a las de los últimos tres años, pesan en el ánimo de quienes creyeron en su programa. Los panistas no solo perdimos votos y espacios de poder público. Perdimos algo mucho más serio: la visión de nuestro futuro compartido, los puntos de referencia como institución y el sentido de proyecto rumbo al 2012.

Esta desorientación es mucho más peligrosa que cualquier derrota electoral. Elecciones van y vienen; de hecho, durante la mayor parte de nuestra historia el triunfar en las elecciones ni siquiera fue una prioridad para Acción Nacional. No queríamos ganar votos, queríamos conquistar conciencias. Por ello, lo que sí representa un riesgo para nuestra esencia institucional es perder la identidad política que nos da cohesión y rumbo.

Pero eso no va a pasar. No lo permitiremos. Durante el último año los integrantes de un movimiento nacional integrado mayoritariamente por panistas, pero también por muchos ciudadanos sin partido, hemos estado construyendo una estructura que reimpulse el PAN rumbo al 2012.

Trabajar desde la raíz

Lejos de los reflectores, lejos del poder público, con un intenso y minucioso trabajo de campo, hemos venido tejiendo una red de ciudadanos dispuestos a defender la democracia. Esa red es el movimiento nacional Volver a Empezar.

Avanzamos discretamente, para no alertar algunos radares, pero ya ha llegado la hora de salir a la luz pública y reanimar a los panistas, señalándoles que sí tenemos proyecto, sí tenemos rumbo, sí tenemos propuestas para recuperar la confianza ciudadana y reconciliar a nuestro partido con la sociedad, con los votantes y —sobre todo— consigo mismo.

Cualquier lector que tenga interés en este movimiento, podrá ver en internet que nuestra red ha avanzado con pasos cautelosos, pero no por ello menos firmes. Hemos estado en gira permanente los últimos dos años. Ya visitamos más de 150 ciudades y más de 60 universidades, pues los jóvenes son parte esencial de nuestro proyecto renovador.

Hasta el momento, somos 200 mil panistas de todo México inscritos con nombre y apellido en este esfuerzo. Hay páginas de internet en una treintena de ciudades y coordinadores en prácticamente todos los estados.

También nos hemos consolidado como el único espacio desde el cual el PAN sigue generando ideas, propuestas, argumentos y análisis para orientar la situación nacional con la luz del humanismo político. Nuestros libros y publicaciones así lo demuestran.

Salir a la luz pública no pretende ser una muestra de fuerza. Todo lo contrario. Se trata de revivir aquél célebre llamado de Manuel Gómez Morin: “Es tiempo de alzar una bandera espiritual; de dar el santo y seña que permita el mutuo reconocimiento”.

A todos los que quieran seguir luchando por el bienestar de México con los valores de Acción Nacional como bandera, a aquellos que quieren revivir su esperanza en nuestras ideas humanistas, a quienes recuerdan un PAN limpio y creen que aún es posible recuperarlo, a los genuinamente demócratas, les extendemos nuestras manos.

El PAN aún tiene mucho qué dar. Vamos a convertir la derrota electoral en una oportunidad histórica, en una victoria cultural que nos regrese a nuestros orígenes libertarios. Tenemos fuerza, corazón y propuestas para seguir luchando por México. Tenemos fuerza para volver a empezar.

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martes, 12 de julio de 2011

Reunión de equipo Volver a Empezar con Vicente Fox



¿Dónde y cuándo se extravió el PAN?

Padeciendo sus derrotas acumuladas, sin rumbo institucional y con el fardo del gobierno a cuestas, antes de establecer las reglas y de limpiar la casa, el PAN ya está metido en la espiral del 2012, aunque en forma atropellada y sin el soporte de una propuesta que oriente, al menos, el discurso de quienes se disputan la candidatura presidencial desde campañas abiertas y encubiertas en el ejercicio de un cargo público. La anarquía aflora en todo el andamiaje estructural, hoy desvencijado y con riesgo de colapso, del partido en la responsabilidad de gobierno nacional.

Abandono de una mística de perseverancia

Las derrotas acumuladas del PAN desde 2008, no hay que justificarlas a la luz de los resultados, de las cifras, de la estadística electoral adversa. Millones de boletas marcadas a favor de otros partidos representan personas que antes sufragaron por Acción Nacional y que, decepcionadas, mudaron su voluntad ciudadana en busca de congruencia y honestidad, de eficacia y de transparencia gubernamental. Lo que siempre prometimos los panistas.

La explicación a la estrepitosa caída del PAN, primero de la confianza social y después de los espacios de poder ganados con el esfuerzo de décadas, debe buscarse en la acción reciente de un partido que antes se reconoció de exigencias máximas. Debe buscarse la causa del desprestigio en el abandono de una mística de perseverancia leal y de un pensamiento de contornos claros, inspirado en los principios del humanismo político; en el alejamiento de una doctrina con dimensión ética y en el desvío de una vocación de servicio que condicionaba la voluntad política de los panistas a un desempeño cotidiano subordinado al bien común.

Ahí están las respuestas para quienes se preguntan ¿dónde y desde cuándo se perdió el PAN?, ahí comenzó el extravió que llevó a la pérdida de cuanto se había ganado para arribar a la simulación, a la incongruencia y a la prepotencia que encubrimos por falsa prudencia. Ahí comenzaron los malabarismos ideológicos y la promiscuidad partidista que difuminó al partido en el escenario político.

Impostergable volver a empezar

Es necesario detener la marcha desenfrenada hacia el desplome del PAN y volver a empezar, pero no de la nada, sino a partir de reconocer que hay una experiencia exitosa que comenzó en 1939 y que es enseñanza digna de ser rescatada porque honra la política. Y otra que avergüenza porque denigra la trayectoria democrática y honorable del PAN, que comenzó en 2006, después de alcanzar sus más grandes victorias electorales.

Volver a empezar implica reencontrarnos con nuestros valores originarios, reinstalar la primacía de la persona como principio rector de nuestra acción y anteponer el interés de la sociedad por encima de nuestros legítimos afanes personales. Implica también devolverle autonomía al partido frente al gobierno, asumir que ambas entidades forman parte de un mismo programa político, pero con funciones distintas y en ámbitos diferentes.

Ese es el camino a seguir para reconstruir la credibilidad de Acción Nacional y para reinstalarlo como referente de honestidad en la vida pública de México. Podemos comenzar por hacer un silencio interior y escuchar nuestra propia conciencia.

Congruencia por responsabilidad

No será fácil caminar hacia nuestros puntos de referencia histórica, como nunca lo fue cuando transitamos por caminos inhóspitos asediados por un sistema político autoritario y corrupto, pero estamos obligados a corregir y asumir el costo de regreso a nuestra identidad. Emprender el retorno a nuestra esencia no es asunto de sobrevivencia política sino de responsabilidad. Es para cumplir un deber ineludible, un compromiso inherente a nuestra vocación en el destino de México.

Para lograrlo se requiere entereza, esa que brota de la humildad y permite abrirnos a la realidad para disponer el alma a la corrección fraterna entre quienes, con nuestros errores, le hemos fallado a México. Se necesita unidad, esa que no hace distinciones ofensivas y que pese a las naturales diferencias hace coincidir las voluntades dispersas en sublimes propósitos; esa que suma la fuerza de nuestros ideales y permite remover las capas de agravios y resentimientos con que hemos sepultado nuestros valores.

Si para dejar de perder posiciones de gobierno es condición pedir perdón por los yerros cometidos y erradicar sin consideración alguna las prácticas que nos desprestigian, hay que hacerlo ya. No esperemos a perderlo todo y seguir pagando la sanción social en las urnas por las traiciones de unos cuantos oportunistas.

Un enmienda sincera implica un replanteamiento con visión de causa y no de proyecto, con actitud de evaluación para dar prospectiva a los nuevos retos de Acción Nacional desde la rectitud de intención. Volver a empezar exige un renovado espíritu de servicio para ordenar la patria, para darle una vida digna a los mexicanos desde la generosidad política.

Solo así volveremos a ser faro luminoso en el derrotero nacional. Solo así nos haremos merecedores de la confianza ciudadana, de otra oportunidad para levantarnos. Solo si nos levantamos, estando de pie otra vez, soportados en nuestros principios, habrá valido la pena caer en lo que hemos caído para colocarnos en el punto de partida, como hace 72 años, y prepararnos para refrendar nuestras victorias históricas en el 2012. Se está haciendo tarde, pero estamos a tiempo.

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viernes, 8 de julio de 2011

Autonomía del PAN frente al gobierno

En los primeros años del siglo pasado, contra un pensamiento autoritario en boga y que desde hacía tiempo imponía su verdad en México con la fuerza del gobierno, se rebelaron algunos estudiantes que alzaron la bandera de una nueva actitud intelectual para buscar una alternativa distinta a lo que entonces acontecía en un país con capacidades infinitas, pero con el talento ciudadano atrofiado por el caos de la Revolución que parecía llevada al fracaso por sus caudillos.

Autonomía desde la seriedad intelectual

La reciente afirmación del libre albedrío en el mundo occidental inspiraba a aquellos jóvenes a construir auténticos espacios de libertad para los mexicanos, a superar teorías inventadas para el sometimiento de la nación y a iluminar con nuevas luces la sombría realidad de la patria, lastimada por una gravísima corrupción moral y la devastadora turbulencia política.

Era 1915 y el ideal que se deslizaba en aquellas conciencias inquietas apuntaba a una ideología adecuada propósitos humanos, que partía del criterio provisional de salvar a México, del vago deseo de una vida digna para todos desde la participación ciudadana, de la autonomía de decisión frente al gobierno asumida con seriedad intelectual. Así, con espíritu de emancipación, fue concebida la obra que años adelante sería Acción Nacional.

Faltaban unos meses para el nacimiento del PAN y Gómez Morin, uno de aquellos jóvenes y el principal de sus fundadores, ya tenía claridad del argumento que marcaría una diferencia fundamental —con el pasado y con el presente que se vivía en 1939— en las relaciones partido-gobierno: “Acción Nacional nunca se casará con un régimen, ni aun con el que pudieran formar hombres suyos llegados al poder”. La autonomía estaba en la esencia de la organización partidaria desde su gestación y quien sería su primer jefe nacional era contundente en la afirmación del nunca.

Autonomía, una tesis fundamental

La primera etapa en la vida institucional de Acción Nacional se significó por las tareas principalísimas de la formulación de una doctrina, la definición de programas, la posición de ideas y la proyección de sublimes propósitos. Entre otras premisas inalterables, que serían ratificadas y explicitadas durante las décadas por venir, destacó la tesis de la necesaria autonomía del partido en sus relaciones con el gobierno.

Quizá para marcar la diferencia entre un partido surgido de la sociedad y otro que había sido concebido y parido en 1929 desde el poder, Efraín González Luna fue enfático en su discurso a la convención constituyente: “Acción Nacional es el partido que nace negando el compromiso y condenando el oportunismo”. Y más adelante, en 1942, desde la claridad de su pensamiento diría que “es deber fundamental del jefe de Estado el serlo positivamente y no representar ni servir a un partido… Cualesquiera que sean las circunstancias —sentenció— no pueden sujetarse a las exigencias de un partido político, aun cuando le deba el acceso al poder”.

En la convención nacional de 1949, don Manuel volvería al tema de la autonomía con el énfasis de que “el partido tiene derecho de llevar sus programas y sus hombres al gobierno, pero ese mismo gobierno, en el momento de llegar a serlo, deja de ser el partido para ser la representación de la nación, y no tiene derecho de utilizar los recursos del poder, que son de aquella, para el sostenimiento del partido; ni tiene derecho de utilizar la estructura jurídica y administrativa del gobierno para coaccionar voluntades en pro del partido”.

Todos quienes tuvimos el honor de dirigir al partido predicamos la necesaria autonomía entre el partido y gobierno como una forma saludable de generar equilibrios y evitar excesos en el ejercicio del poder. Felipe Calderón no fue la excepción; como presidente nacional en 1996 aún sostuvo y defendió la autonomía partidaria frente al gobierno. Ante el Consejo Nacional sostuvo que “en la medida en que se acerca de manera natural al poder, el PAN necesita consolidarse, paradójicamente, como partido, y ser capaz de sostener su perfil de opción política distinta y distinguible del poder político”. Nadie podría suponer que como mandatario de la nación mutaría su credo partidista para asumir la vieja convicción priista de que “en México solo el presidente manda, y es el jefe del partido”.

Autonomía desde la vinculación democrática

Ya en la responsabilidad de gobierno, a partir del 2000 y a iniciativa del jefe nacional Luis Felipe bravo Mena, se fue desarrollando una forma de relacionarse con el gobierno federal surgido de las entrañas del PAN. Para honrar la tesis de la autonomía se implementó una dinámica conocida como “vinculación democrática”, lo que supuso no repetir el modelo de partido-instrumento al servicio incondicional del poder y ratificar para el gobierno la norma ética de no entrometerse en la vida institucional del partido.

Desde la presidencia nacional del PAN pude constatar que para Vicente Fox no hubo dificultad en asumir que entre el partido y el gobierno debía existir, naturalmente, una independencia política, no orgánica, que nace de la responsabilidad compartida de conducir a la sociedad mexicana hacia su crecimiento, desarrollo y perfeccionamiento. El jefe del Estado entendió que ambas entidades son parte de un mismo proyecto político que deben acordar lo mejor para México y actuar coordinadas, pero sin sujeciones recíprocas, sin confundir la misión de cada quien y sin invadir el ámbito de responsabilidad del otro ni afectar su identidad.

Fox fue congruente y coadyuvó al perenne anhelo panista de ciudadanizar las instituciones y despartidizar a la sociedad; entendió que su poder no podía ser predatorio del PAN y supo poner el rostro de éste a su gobierno, sin alterar sus rasgos originales y sin pervertir su trayectoria democrática. Como es lógico, llegamos a tener diferencias de visión y de opinión que resolvimos dialogando para articular estratégicamente el potencial del partido y del gobierno, cuidando no anular una sola de nuestras fuerzas. Así, sin faltar a la congruencia y sin atropellar la autonomía, subordinando egoísmos y preferencias personales, construimos las condiciones para alcanzar las más grandes victorias en el 2006.

Autonomía sometida por Calderón

Apenas recibida la constancia de mayoría tras defender nuestra victoria en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, ya como presidente electo, Felipe Calderón me pidió dejar en sus manos la dirigencia del partido; quería ser él quien designara al presidente del PAN, imponer a uno de sus incondicionales, a un gerente subordinado al gobierno. No fue propuesta, fue una exigencia que primero me planteó Juan Camilo Mouriño y, tras mi negativa, insistió el mismo. A cambio de renunciar se me compensaría con hacerme embajador de México en España. Rechazar la oferta fue motivo de una nueva persecución del calderonismo en mi contra, pero ya desde el gobierno.

Al concluir mi gestión, que yo mismo adelanté tres meses para evitar un conflicto que venía preparándose desde los Pinos apenas asumió Calderón la Presidencia, sobrevino el sometimiento. Bastaron dos gerentes para poner en el gobierno la toma de decisiones del partido, para hacer de éste un instrumento al servicio del poder.

Las consecuencias de la suplantación son de sobra conocidas, han sido devastadoras para un partido que abanderó la autonomía desde su fundación. Desde la restauración autoritaria que subordina al partido desde el gobierno se están perdiendo ambas entidades. Antes el Presidente perdió las convicciones que le fueron inculcadas en Acción Nacional.

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martes, 5 de julio de 2011

¿Delincuente en Los Pinos?

Durante la hegemonía del PRI en el poder político nacional era común hacer de la ley letra muerta. El país estaba acostumbrado a que el Presidente de México mandaba y los poderes Legislativo y Judicial obedecían. La subordinación ni siquiera llamaba la atención, era una regla no escrita del régimen forzosamente presidencialista. Muchos de quienes tenían conciencia de la necesaria vida institucional con apego al Estado de Derecho, por comodidad o conveniencia, optaban por encogerse de hombros y pasar por alto el absolutismo de Estado prevaleciente.

Cuando en 1990 el presidente de la Suprema Corte de Justicia de México, Carlos del Río Rodríguez, acudió a la juramentación de los mandatarios de Colombia y Perú, por encomienda del gobierno federal, el prestigiado licenciado Ignacio Burgoa denunció ante el Congreso lo que era una flagrante violación a la Constitución. Un ex presidente del Partido Acción Nacional también elevó su reclamo ante la opinión pública. José González Torres, que había dirigido al PAN de 1956 a 1958, tuvo el valor a que obliga la congruencia y destacó que el Presidente de la Suprema Corte aceptó y desempeñó el encargo de representar indebidamente al presidente de la República y quedó con ello, automáticamente, privado del cargo. Al continuar ejerciendo las funciones de Ministro, el panista que también había sido candidato presidencial en 1964 denunció que Carlos del Río incurrió en el delito tipificado en el código Penal como “ejercicio indebido del servicio público”.

De la denuncia a mi expulsión del PAN

Denunciar aquellos abusos de autoridad presidencial y reclamar la sumisión de un dignatario de la corte, fue motivo de reconocimiento en el PAN para quien dos años después renunciaría por voluntad propia a su militancia. Que también como expresidente de Acción Nacional yo denunciara los excesos del mandatario de la nación, Felipe Calderón, fue motivo de mi defenestración del partido, promovida por él mismo ya con el poder del gobierno. Expulsión que, acusado de exceso de libertad de expresión, aún se litiga en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

Renuente al silencio humillante de quienes se quejan en voz baja, acusé al gobierno calderonista de imponerle indebidamente decisiones al partido, de someter a su voluntad caprichosa a gobiernos estatales y municipales emanados del PAN, de imponerle a éste candidatos cuyo mérito fundamental es la sumisión al Presidente de México, su relación de amigo o compadre, de pariente o de cómplice.

Presión calderonista al TEPJF

Para garantizar la independencia del Poder Judicial y el mejor cumplimiento de su delicada e importante función, a partir de 1994 tanto los ministros de la Suprema Corte como los magistrados y los jueces federales, así como secretarios y los miembros de la Judicatura Federal no pueden desempeñar ni aceptar otro encargo de la Federación. Como consecuencia de la incorporación del TEPJF al Poder Judicial, en este precepto también se incluyeron a los magistrados de su Sala superior. En lenguaje ordinario: no pueden ejercer un mandato del gobierno federal.

Al impugnar mi ilegal y arbitraria expulsión del PAN ante el TEPJF, me he percatado de una injerencista presión de Los Pinos a dicho órgano del Estado encargado de hacer valer la justicia constitucional en materia de derechos políticos y electorales de los ciudadanos. Diversas fuentes señalan al joven secretario particular del Presidente de México, Roberto Gil Zuarth —el mismo a quien Calderón quiso imponer como jefe de Acción Nacional, amigo muy cercano del magistrado ponente de mi caso, Salvador Nava— como el emisario encargado de hacer torcer la ley a los magistrados para ratificar mi salida de Acción Nacional.

A diferencia del prestigiado ex presidente del PAN González Torres, yo no he sido candidato presidencial, no todavía. Calderón teme que lo sea porque sabe que tengo los arrestos para sucederlo en el cargo y superar por mucho su desempeño. No puede aceptar siquiera esa posibilidad. De ese miedo injustificado proviene su persecución a mi persona que está sobradamente acreditada.

La mano presidencial no solo ha intervenido indebidamente para asediarme políticamente — ante instancias partidistas y ahora del Poder Judicial—, mi caso es solo uno de muchos: si algo ha distinguido al estilo personal de gobernar de Calderón es su invasión de espacios de poder y jurisdicciones ajenas a las que le marca la ley, siempre con la complacencia o la resignación de los dirigentes del PAN.

Posibles delitos de servidores públicos

De confirmarse la intromisión del gobierno federal, por conducto del servidor público Roberto Gil, en asuntos que no son de su competencia, podrían estarse actualizando algunos de los delitos tipificados como tales en el Código Penal Federal (CPF). En ese supuesto podrían encontrarse ya el secretario de Calderón o algún magistrado del TEPJF que se preste a esa pifia. Del primero, según establece el artículo 213 de la citada ley, podrían dar lugar a una agravación de la pena en razón de tratarse de un funcionario o empleado de confianza.

Aunque no hay tiempo perentorio para resolver mi caso en el Tribunal, con o sin presión de Los Pinos, de no justificar el magistrado ponente postergar indefinidamente la resolución, podría estar incurriendo en el delito de abuso de autoridad al no despachar un asunto pendiente ante él (artículo 215 del CPF). Si se confirma complicidad entre Gil Zuarth y algún magistrado para tomar medidas contrarias a la ley en mi perjuicio, podrían ambos incurrir en el delito de coalición de servidores públicos (artículo 216 del CPF). Según la forma en que se de la presión desde el gobierno hacia los magistrados, podría haber delito de concusión o de intimidación (artículos 218 y 219 del CPF), lo que podría alcanzar culpa para el mismísimo Felipe Calderón.

Si como me informan, Roberto Gil es la interpósita persona que retarda la administración de justicia o promueve la resolución ilícita en mi contra, por emitir opiniones incómodas al Presidente que exhiben actos incongruentes suyos y de algunos dirigentes del PAN, estaríamos en el supuesto del delito de tráfico de influencia o de peculado, según la forma de violar algún precepto terminante de la ley (artículos 221 y 223 del CPF). Y como tanto peca el que mata la vaca como el que le agarra la pata, si un magistrado se prestara al abuso de ratificar mi expulsión a cambio de alguna dádiva, estaríamos frente al delito de cohecho (artículo 222 del CFP).

En el hipotético caso de que los magistrados fueran obligados por el poder presidencial a dictar una sentencia ajena a derecho, incurrirían en el delito que señala el artículo 225 del CPF: dictar, a sabiendas, una sentencia ilícita.

Nada hay que justifique la prepotencia oficial en mi contra, como nada hay que me impida denunciar los hechos de intromisión del Ejecutivo en el espacio jurisdiccional del TEPJF. Será la investigación judicial la que despeje las dudas que hoy se generan en el dicho de quienes afirman la “operación” de Gil por órdenes de su jefe. Ya se verá si se trata de rumores o de una expresión más del autoritarismo de Los Pinos.

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lunes, 4 de julio de 2011

La Maestra y el Presidente

En mayo de este año, el Presidente Calderón aseguró que la alianza con Elba Esther Gordillo y el SNTE “no es de carácter político, ni oportunista”. Según revelaciones de Wikileaks, en 2006 Germán Martínez dijo al entonces embajador Tony Garza que el comité de campaña de Calderón no tenía acuerdos con la sindicalista magisterial. Ambos fueron expuestos esta semana por la avalancha política que generó la Maestra, quien ha lanzado un obús a la credibilidad del presidente Calderón.

Yunes: ejemplo de candidatos impuestos por calderonismo

Con sus declaraciones la Maestra también ha desacreditado la antidemocrática práctica de imponer candidatos a Acción Nacional. Al evidenciar a Yunes, también lo ha hecho con quienes lo impusieron en posiciones claves para el panismo y a quienes fueron sumisos ante tal imposición.

Hoy muchos panistas han de lamentar no haberse resistido a la decisión presidencial de imponer a Yunes, pues su falta de honorabilidad es pública y conocida. Cuando el CEN del PAN se disponía a refrendar la imposición de Yunes como candidato a gobernador de Veracruz —acordada con Calderón, a la sazón Presidente electo, según él mismo Miguel Ángel me confirmó— intenté generar un diálogo al interior de dicho órgano partidista. Ese derecho a debatir me fue negado, coartando mi libertad de expresión, por el entonces dirigente nacional César Nava.

Quise recordar que en 2006 el veto de Felipe Calderón impidió a Yunes ser candidato al Senado. El entonces candidato a la presidencia argumentó que como secretario de Gobierno de Patricio Chirinos Yunes se distinguió por perseguir, difamar y golpear panistas, así como por su corrupción. A pesar de ese violento pasado antipanista, Yunes fue designado como director del ISSSTE y luego candidato a gobernador, por quien lo había acusado de corrupto.

Yunes es solo la punta de un iceberg que ayer reveló Elba Esther Gordillo, quien me hizo un reclamo durante la campaña de 2006 porque no le concedí candidaturas que pactó con Calderón, a quien se refirió como “el candidato”.

A contracorriente de esta negociación Calderón-Gordillo, como presidente del PAN me resistí a brindar al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación las quince candidaturas plurinominales que encabezan las circunscripciones, cuya designación corresponde al CEN del PAN. Mucho menos cedí candidaturas al Senado de la República, como le consta a Josefina Vázquez Mota, encargada de la negociación en representación de Calderón.

La Maestra ha dejado al descubierto que sí hubo un pacto, pero no del Partido Acción Nacional, sino del propio Calderón. Sus acuerdos fueron por la libre y en lo oscuro, ajenos a la transparencia acostumbrada en el PAN y que debe regir en un sistema democrático.

Proteger al presidente hablándole con la verdad

Hoy también tenemos claro que el equipo de Calderón y, lo debo decir aunque me cause pesar, muchos panistas se han negado a decir al Presidente las verdades dolorosas pero necesarias.

Si durante el episodio que acabo de narrar el Comité Nacional de mi partido se hubiera negado a designar candidato a Yunes, oponiéndose con valentía a la línea de Los Pinos, no hubiera actuado contra el Presidente, al contrario, lo hubiera protegido.

Tengo la conciencia tranquila porque yo sí he hablado con la verdad, en el momento preciso y a pesar del golpeteo político. De hecho, haber denunciado estas prácticas es una de las razones por las que me quieren expulsar de mi partido.

Hago un llamado a los panistas: este episodio vergonzoso debe servir para recordar, de cara al 2012, que no hay que permitir imposiciones de candidatos ni de funcionarios públicos por negociaciones políticas, como se hizo en su momento con Yunes y con muchos más. Hay que rechazar estos acuerdos oscuros, que demeritan la trayectoria democrática que nos dio prestigio como partido, vengan de quien vengan.

Es preciso proteger la autonomía de nuestro partido y apoyar al PAN, pero no actuando con obediencia ciega ni con sumisión perruna, pues eso no es lealtad. Solo hablar con la verdad, aunque a veces duela, brinda un apoyo genuino.

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miércoles, 18 de agosto de 2010

Carta de Manuel Espino a la opinión pública

Señoras y señores:

La libertad de expresión se encuentra amenazada en diversos ámbitos de la vida nacional. Periodistas, empresarios, gobernadores, alcaldes, legisladores, organizaciones no gubernamentales y ciudadanos de todas las tendencias han sido víctimas de embates desde el poder cuando emiten opiniones diferentes. Esa ofensiva de intolerancia ha llegado a mi hogar político, Acción Nacional.

El día de ayer la cúpula de mi partido validó una decisión tomada en Los Pinos e intentará expulsarme del partido. Se turnó a mi estado adoptivo, Sonora, el proceso a través del cual se buscará despojarme de una militancia de 33 años al servicio de México desde las filas del PAN.

En reiteradas ocasiones he dicho que seguiré siendo panista independientemente de que mi nombre esté inscrito o no en el padrón de militantes. El panismo se lleva en el corazón, no en una credencial; se demuestra con congruencia en los hechos, no en el discurso; también se valida con los actos cotidianos, no se recibe como una herencia monárquica.

Sin embargo, defenderé mi militancia no por sí misma, ni por mi persona. Defenderé mi condición de panista porque no puedo permitir que se expulse de Acción Nacional a un militante tan sólo por expresar opiniones, llamar al debate y hacer críticas. Los panistas estaríamos negando la propia historia si restringiéramos la libertad de expresión en nuestra casa. No debo permitir que el poder imponga la mordaza azul, pues con ello abriríamos la puerta para que en otras instituciones de la sociedad mexicana comenzara a hacerse lo mismo.

Si se niega a un ex presidente nacional el derecho a hablar con libertad, ningún militante podrá estar seguro al expresar una crítica. Sobre la discusión, el debate y el libre intercambio de ideas, pesará la amenaza de expulsión a cualquiera, como una espada de Damocles.

No defender mis derechos sería tanto como validar las purgas internas, la cacería de brujas y la imposición del pensamiento único. Además, mandaría el mensaje de que es aceptable que un panista sea expulsado por mostrar su desacuerdo.

Condeno la campaña de desinformación que en las anteriores semanas intentó posicionar la idea de que yo sería expulsado ayer. Como se demostró, era imposible expulsarme este martes. Sin embargo, se incentivó ese rumor para golpearme políticamente, manipular a la opinión pública y los sentimientos de los militantes.

Hay que recordar que coartar la libertad de expresión no sólo consiste en imponer silencio. Por el contrario, la forma más perversa de limitarla es acallar la verdad con el estruendo de la desinformación. Hago un llamado a nuestra dirigencia para que cese en el uso de estas aviesas tácticas de propaganda negra.

Por todo lo anterior, anuncio que haré valer mis derechos y me defenderé con base en los Estatutos de Acción Nacional y en las leyes de nuestra República. Espero salir airoso de esta batalla, para dejar asentado que Acción Nacional sigue siendo un espacio de diálogo y libertades. Espero, también, que los panistas brindemos a México entero un vivo testimonio de nuestro apego a la libertad de expresión, esencia de nuestra vida democrática.

Fraternalmente,
Manuel Espino

miércoles, 16 de junio de 2010

Cananea y la ausencia de ética política

Cananea ejemplifica de manera nítida cómo la falta de ética política se interpone en el camino de la prosperidad y la paz de los pueblos. Esta noble región nos impele a cuestionarnos cómo es que incluso contando con una riqueza minera de las mayores no sólo de México sino del mundo, las diferencias políticas impiden aprovechar valiosos recursos que están prácticamente al alcance de la mano.
Recientemente el alcalde Reginaldo Moreno García declaró que “el ayuntamiento no tiene ni para comprar una escoba” y que muchos cananenses se han visto obligados a emigrar a las ciudades norteamericanas de Tucson y Sierra Vista, así como a la capital sonorense, Hermosillo, en la búsqueda de oportunidades de crecimiento económico. Si la abundancia natural no es razón suficiente para que un ciudadano permanezca en su tierra y obtenga los servicios públicos y las oportunidades que merece, la responsabilidad no puede ser más que de las cúpulas sindicales y gubernamentales.
Se estima que los paros en diversas minas han costado alrededor de 3 mil 200 millones de dólares, lo cual resulta especialmente grave en el contexto de crisis internacional en el que está inmerso México. Qué lamentable situación: ni para recoger tesoros podemos ponernos de acuerdo.

Excesos en la persecución de derechos

Durante décadas el “sistema” consintió y propició que el Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana se fuera alejando de sus fines válidos. La legítima defensa de los derechos de los trabajadores pasó a un segundo plano ante la búsqueda de poder político y económico por parte de los líderes sindicales.
Para saber qué tan demócrata ha sido este sindicato basta saber que por más de cuatro décadas ha estado bajo el control de dos hombres, padre e hijo. Estos napoleones se distinguen por haberse formado en las peores artes del sindicalismo charro, una de las más oscuras construcciones del Partido Revolucionario Institucional.
Napoleón padre llegó a ser senador, obviamente por el PRI, y dedicó cuarenta años de su vida a amasar una gran fortuna personal y a bloquear todo intento de democratizar el sindicato.
Como si de un príncipe medieval se tratara, Napoleón hijo heredó el trono y prontamente evidenció que consideraba al sindicato su patrimonio personal, pues sus malos manejos de los dineros propiedad de los trabajadores son el sustrato de la aguda crisis que hoy padece Cananea.
Sin embargo, debo señalar que aun cuando evidentemente Napoleón junior es el principal responsable, sus acciones no se dieron en el vacío: son el resultado de una perversión política que hizo de los sindicatos herramientas del poder y los partidizó, volviéndolos medios y no fines, piezas del partido en el gobierno y no expresiones de la dignidad de los trabajadores.
De la misma manera en la que el sistema PRI-Gobierno confundió sus fines con los de los sindicatos, Napoleón segundo enredó la defensa jurídica de su persona con los derechos de los trabajadores a los que lidera.
Analizar la situación de Cananea es avanzar por un campo minado, pues la complejidad de la situación que padece el pueblo de esta amada comunidad sonorense es tan profunda como extensa, definida por factores no sólo contemporáneos, sino también históricos. Además, las responsabilidades y las culpas son compartidas por autoridades y líderes sindicalistas por igual, haciendo imposible emitir juicios categóricos.
Si bien “la toma de Cananea” refleja la incapacidad de generar acuerdos y destrabar conflictos por medios políticos y no a través de la violencia, también es cierto que esta acción responde a decisiones concatenadas de los poderes Judicial y Legislativo. Además, el grupo industrial Minera México se plegó desde un primer momento a las peticiones de seguridad e higiene planteadas por el sindicato, mientras que éste prolongó durante tres años el conflicto utilizando a los tribunales, con lo cual incurrió en excesos durante la persecución de derechos legítimos.

Revolución sindicalista

Cuando no se desvirtúa su naturaleza, el trabajo contribuye a unir a los hombres de manera solidaria y comprometida. También puede otorgar forma y estructura a la sociedad, determinando sus relaciones con el Estado. Unas relaciones laborales justas prefiguran –o desfiguran– un sistema de comunidad política apto para favorecer el desarrollo integral de la persona humana, sin que ésta sufra mengua en su dignidad.
Hoy vemos las consecuencias de disminuir la dimensión humana del trabajo a la sola obtención de bienes materiales, de inmiscuir a los partidos en instituciones sociales laborales que deben ser independientes y de bloquear la capacidad productiva de un pueblo para chantajear al gobierno.
En los próximos meses, conforme se vaya contratando nuevo personal para explotar las riquezas de Cananea, habrá de formarse otro sindicato. Esperemos que estas lecciones no sean olvidadas en su institución, haciéndolo ejemplo genuino espíritu sindicalista, así como una decidida apuesta por la libertad de los trabajadores, esa que se soslaya cuando se les concibe como seres sin capacidad de decisión.
La formación de este nuevo sindicato presenta una oportunidad histórica, pues así como se combatió en 1906 a la Cananea Consolidated Copper Company, hoy es necesario combatir al charrismo. Este sería un hecho digno de la insigne estirpe de los mineros y el nacimiento de una segunda revolución en Cananea, pero esta vez pacífica, de dignidad humana e independencia.

Jóvenes: Ninis o esperanza presente

Triste época para los niños y los jóvenes mexicanos, que inauguran sus vidas caminando hacia horizontes de violencia, de desempleo, de una desoladora ausencia de esperanza provocada por la falta de oportunidades en todos los ámbitos. Ya sea para estudiar, ejercer una profesión, o simplemente vivir con dignidad. Oportunidades, en fin, de creer en sí mismos y de sentir orgullo por México.
Recientemente la diputada Teresa Incháustegui dio a conocer que en la guerra contra el crimen organizado han fallecido 4 mil jóvenes y niños; a ellos se suman otros 3 mil 700 que han quedado huérfanos de uno o ambos progenitores.
Cada año, 300 mil jóvenes son rechazados por instituciones de educación superior en el país. Quienes logran ingresar a una universidad y terminar una carrera, al graduarse descubren que su título muy poco significa en un país con 2 millones y medio de desempleados.
En el estudio “Hacer lo mejor por los niños”, realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), México fue el segundo país con peores condiciones de vida para la infancia.
Por un lado, señala la OCDE, nuestros niños padecen una educación deficiente y desatención sanitaria; por otro, situaciones de alto riesgo como exposición al tabaquismo, el alcoholismo y los embarazos de adolescentes. De los países analizados en dicho estudio solo Turquía tiene mas niños pobres que nuestra República.
Este paisaje social desolador nos lleva a una cifra final, como lógica consecuencia: José Narro Robles, rector de la máxima casa de estudios mexicana, afirma que en nuestro país hay siete millones de los llamados “Ninis”, jóvenes que ante la falta de oportunidades en lo económico y en lo académico, “ni estudian, ni trabajan”, corriendo los gravísimos riesgos de jamás ver realizadas sus potencialidades humanas y realizadas sus vidas, así como de ser reclutados por el crimen organizado.

Ni participo, ni me interesa

Para estos millones de jóvenes, México es una promesa no cumplida. Por ello, a nadie debe extrañar el nacimiento de otros ninis, ya no en lo laboral y en lo educativo, sino en lo cívico y lo político. Cada vez hay más jóvenes que ante la vida pública sólo responden –unos con indiferencia, otros con decepción– “ni participo, ni me interesa”.
Incluso jóvenes de familias con posibilidades económicas, universitarios y profesionistas, han sido invadidos por la apatía y prácticamente han renunciado a ser ciudadanos. Se conforman con la mínima condición de habitantes que existen y ocupan un lugar en la masa humana, pero no en la comunidad.
Ello se debe, en mucho, a que la actual generación de dirigentes políticos no hemos sido capaces de dar un testimonio colectivo de congruencia y sentido de la responsabilidad que transmite principios y valores. La deshonestidad de muchos ha castrado el entusiasmo de las nuevas generaciones y puede provocar que en un futuro próximo no haya jóvenes con vocación política ni deseosos de servir a su país desde el Estado.
Como miembro de esa generación de mujeres y hombres públicos, asumo que tenemos la responsabilidad de represtigiar la política como paso primordial para regresar a los jóvenes la esperanza, la capacidad de creer en su país, el ánimo de ser nuevamente personas cívicas.
Romper el círculo vicioso de la apatía, el abstencionismo y la falta de participación juveniles debe ser la principal prioridad de la llamada clase política. Es impostergable liberar sus enormes energías creativas, para que participen en la impostergable tarea de reorientar el rumbo de la nación. También capitalizar al máximo sus talentos contenidos y estimular la capacidad realizadora de sus mentes.
Nos urge politizar –que no partidizar– a nuestros jóvenes y creer en ellos asignándoles un lugar preponderante en la toma de decisiones. También conferirles la misión de ser esperanza presente. Volver a entusiasmarlos con la idea de que su participación cívica vale, pesa, define, resuelve y construye. No se trata de dejar un mejor México a nuestra juventud, sino una mejor juventud a nuestro México, porque los jóvenes no son el problema, son la solución. Con su fuerza México puede volver a empezar.

Guardería ABC: sólo la justicia dará resignación

En La Paz se lanzaron al mar 49 esferas de papel iluminadas por veladoras. En la Ciudad de México se celebró una vigilia en el Ángel de la Independencia. Globos blancos se elevaron al cielo desde Ciudad Juárez, Tepic, Veracruz, Irapuato, Pachuca, Guasave, Matamoros, Nogales, Bahía de Kino, Cajeme, Querétaro y comunidades indígenas de Santiago Apoala.

Según el Movimiento 5 de Junio, aproximadamente 40 ciudades de más de 20 entidades federativas se sumaron a las expresiones de luto e indignación de todo México. Se celebraron conciertos, presentaciones de libros, marchas, mítines y actos religiosos de las más diversas denominaciones, unidos por la misma fe. Periódicos, radios y televisoras hicieron eco a la voz de los padres de las niñas y niños fallecidos y lesionados hace ya un año. Este es el corazón de México, que llora y se duele por una tragedia que jamás será olvidada.

Un gobierno alejado de su pueblo

Tales muestras de humanidad —espontáneas, libres, plenas de solidaridad— han mostrado la hermandad de los mexicanos y, desgraciadamente, han contrastado con la impasibilidad de las autoridades que se pusieron a trabajar justo cuando la trágica efeméride era inminente, politizando el acceso a la justicia o medrando con la tragedia.

“La manera en la que juega el presidente no es jugar limpio, de ninguna manera es jugar limpio”, afirmó Abraham Fraijo, padre de la menor Emilia, fallecida en la guardería, y miembro del Movimiento Ciudadano por la Justicia 5 de Junio. Estas palabras, dolidas y sinceras, se dijeron frente a Los Pinos mientras Felipe Calderón celebraba adentro una reunión con algunos de los padres de los niños fallecidos y lesionados hace un año.

Esta reunión simboliza y sintetiza la actitud que ha tenido el gobierno federal frente a la tragedia: el encuentro no fue público, sino que se celebró a puerta cerrada; algunos padres fueron excluidos, pues la invitación no fue generalizada. Además, para algunos ciudadanos fue especialmente agraviante que el Presidente no mostrara la sensibilidad y la disponibilidad de viajar a Hermosillo.

Con un tono de indignación, Patricia Duarte Franco, madre del fallecido pequeño Andrés Alonso, afirmó que el Presidente “quiere limpiar su imagen y dar un mensaje a la sociedad mexicana de que está atendiendo el caso de la Guardería ABC, lo que no es cierto porque nunca tuvo las ganas de hacerlo desde un principio. ¡Qué casualidad de que a tres días el primer aniversario nos llama a todos los padres! No estoy dispuesta a servirle de servilleta a este señor, para que limpie su imagen ante la gente, porque le perjudica mucho que se diga que a un año no se ha dignado a atender a los padres. No voy porque no tiene interés ni voluntad de arreglar esto y no lo va a hacer a un año. Esto se va a resolver en tribunales y no me voy a prestar a su juego”.

“Queremos justicia, no la foto”, agregó Julio César Márquez Ortiz, padre de Yeyé, quien también pereció en el incendio. “Tenemos 11 meses pidiendo una reunión con el Presidente. Ha habido más de 15 marchas, una huelga de hambre, solicitudes formales, una carta entregada directamente a Fernando Gómez-Mont y jamás ha habido respuesta. Muy casualmente antes del primer año es cuando decide invitarnos. Lo más doloroso es que sea tan oportunista la convocatoria, a tres días del aniversario. Eso duele muchísimo.”

Este manejo de los tiempos tan sesgado y, como dijo el señor Márquez, oportunista, no es privativo del poder Ejecutivo. El poder Judicial mostró exactamente la misma sincronización: a pocos días del aniversario de la tragedia la Suprema Corte de Justicia de la Nación dio señales de estar trabajando y señaló probables responsables. Los ministros han demostrado que aun cuando la justicia sea ciega, en México tiene muy claros los calendarios políticos.

Respetar el dolor

No hay manera de comprender o justificar actitudes así de insensibles. Con tristeza veo que ni siquiera una tragedia de estas dantescas magnitudes basta para ablandar el corazón de algunos gobernantes, para llamarlos a trabajar con entrega, con transparencia y sin cálculos políticos. Demuestran no sólo dónde están sus intereses, sino también dónde está su corazón. Y ciertamente no están con su pueblo ni esas familias hermosillenses.

Como político pero también como padre, creo que lo mejor que las autoridades pueden hacer es dejar para otros espacios el lucimiento, la búsqueda del reflector y el provecho personal. Es por ello que nunca he accedido a dar entrevistas sobre este tema y sólo una vez lo toqué, para pedir que no se politizara ni se utilizara como bandera electoral.

También creo que cuando las autoridades dejen de lado los cálculos y simplemente se dediquen a su trabajo se acelerarán las investigaciones y las conclusiones del caso. Lamentablemente, en la guardería ABC la política ha entorpecido el camino de la justicia.

Ya no se trata de que un gobernante o un juez se vean bien o mal ante la opinión pública. No se trata de puntos en encuestas, de imagen o de ganancias políticas. Se trata, sencillamente, de dar a esas familias hermosillenses la paz y la resignación que únicamente pueden nacer de la justicia.

Peña Nieto a la baja, Beltrones al alza

Enrique Peña Nieto vive sus peores días. El mexiquense ha vuelto a comprobar que, cuando la realidad se impone a los guiones, su feble experiencia no alcanza para sacarlo de los atolladeros políticos y mediáticos, mucho menos cuando Manlio Fabio Beltrones azuza el fuego.
Como sucedió con las inundaciones a principios de año, ante las cuales su capacidad ejecutiva fue sumamente cuestionada, el equipo del presidenciable priísta hizo del lamentable deceso de la niña Paulette Farah un escaparate para exhibir su incapacidad a nivel nacional e internacional. El caso se manejó tan mal desde un principio que se volvió incorregible; por eso la salida del Procurador responsable de las investigaciones y las explicaciones brindadas de nada han servido.
Se reiteró que todos los males de la inexperiencia —especialmente la falta de mesura, la precipitación y la imprudencia— aquejan a este grupo que pretende conducir una campaña presidencial exitosa, en contra de lo más granado de la política mexicana. Aunque la responsabilidad del gobernador pueda ser limitada en este caso, la clase política y los líderes de opinión le han dedicado palabras muy duras. Poco han ayudado a su causa algunas llamadas hechas desde Xicoténcatl a las cúpulas de la clase política mexicana.
Las campañas también se han vuelto un espacio de desgaste para Peña Nieto. Buscando sumar prosélitos entre sus correligionarios y entre los ciudadanos de otras entidades, el gobernador del Estado de México ha recorrido varias ciudades apoyando a los candidatos de su partido.
En teoría el asunto sería positivo para Peña Nieto: placeo, exposición mediática, amarres políticos. En la práctica, instigados por alguna conciencia negra, se han esparcido rumores de desviación de recursos y editoriales mal intencionados.

Reacomodos priístas

La balanza de la política está cambiando su inclinación entre los priístas. Gobernadores, alcaldes de municipios importantes y legisladores de diversos rangos están cambiando sus lealtades. Por supuesto que Peña Nieto dista mucho de estar solo, pero por primera vez está probando lo que es perder aliados.
No desconozco que sigue firme en las encuestas. Apenas la semana pasada se reportó que subió dos puntos en la variación trimestral que conduce Consulta-Mitofsky.
Sin embargo, la política es mucho más que encuestas, y si no pregúntenle al recientemente derrotado candidato presidencial colombiano Antanas Mockus.
Sí, la percepción es que Peña Nieto avanza, pero ello se debe a que no tiene rivales visibles y presentes en la opinión pública.
En el PRD la semana anterior ya hubo un destape: Carlos Navarrete, un buen prospecto, de lo mejor que tiene ese partido; un competidor que viene a sumarse a Ebrard y a López Obrador.
En mi partido sigue pesando la derrota del 2009 y se percibe un ánimo pesimista hacia el 4 de julio. Sólo Santiago Creel y Josefina Vázquez Mota han mostrado su juego. Los aspirantes ligados al equipo presidencial no han dicho esta boca es mía: saben que presentar una candidatura ligada al lacerante descrédito de Felipe Calderón es un suicidio político.
Seguramente para desvincular al candidato panista del estigma de Calderón, ya se ha expresado interés en que nuestro abanderado tenga el apoyo del Movimiento Volver a Empezar, lo que afirmaría su independencia y lo acercaría al único proyecto que ha demostrado capacidad de crecer políticamente y ofrecer con credibilidad un mensaje esperanzador y democrático.
Ante ese contexto nacional, Peña Nieto sigue arriba en las encuestas, pero su capital político se erosiona: como candidato único sólo en él se ceban los proyectiles, las críticas y el desgaste propio de gobernar mientras cada uno de sus movimientos es vigilado y sus errores magnificados. Mientras tanto, un Senador rememora el viejo adagio de “el que se mueve no sale en la foto”, se frota las manos y sigue trabajando en los sótanos y en las cañerías del sistema.

lunes, 17 de mayo de 2010

Persecución política del calderonismo

Reiteradamente me han preguntado sobre mi distanciamiento con Felipe Calderón, que comenzó con una percepción alimentada con versiones falsas desde las filas del autonombrado calderonismo y que ha derivado en un hostigamiento sistemático a mi persona.

La respuesta simple es que, aun reconociendo la autoridad de mis dirigentes, nunca he estado dispuesto a alinearme sin chistar a un liderazgo. El de Calderón siempre lo he respetado, pero no le concedo atribuciones sobre mi vocación política y mi participación en el Partido Acción Nacional, que decidí con libertad en 1978.

En forma sucinta y repasando los episodios más relevantes, expongo aquí la historia de mi desencuentro con Calderón y los calderonistas.

Acoso político


Siendo diputado, a Felipe le molestó que yo aceptara el nombramiento de Secretario General del PAN que él quiso para Germán Martínez. Lo mismo sucedió cuando busqué la presidencia del PAN: una vez registrado, Felipe intentó persuadirme de declinar a favor de Carlos Medina, a quien logró convencer de salir de la contienda por la candidatura presidencial para ser el presidente nacional del partido. Mantenerme en mi decisión provocó que me lanzara una “cargada”.

Cuando gané la presidencia de AN vino una nueva campaña: para posicionarme como un dirigente parcial, inventaron que yo apoyaba a Santiago Creel.

Como candidato, Calderón pidió nombrar los funcionarios claves del PAN, que yo presidía. No lo permití y, pese al respaldo permanente que di a su campaña, vino la recurrente cantaleta de que yo no apoyaba al candidato presidencial.

Por haberme negado a dejar la presidencia del PAN a cambio de ser embajador en España —ofrecimiento hecho por Juan Camilo Mouriño y Calderón— en octubre de 2006 los calderonistas operaron políticamente para evitar que yo llegara a la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA).

Ya cuando gané, invité al Presidente Calderón a que diésemos un mensaje de unidad. Acordamos hacerlo en la inauguración de la sede de la ODCA, en fecha que él fijó. El día previo al evento, desde su Secretaría Particular se llamó a Vicente Fox, también invitado a cortar el listón, para pedirle que no asistiera porque el Presidente consideraba que era demasiado pronto para coincidir ambos en un evento público.

Para sorpresa de embajadores, invitados de organismos nacionales e internacionales, así como del Comité Directivo de ODCA, el Presidente Calderón no llegó a la apertura de la casa de los democristianos.

Así comenzó la indiferencia del gobierno de Calderón hacia la organización que abrió sus puertas al PAN cuando él fue su dirigente. Actitud que sería trasladada al partido con la designación de Germán Martínez como presidente del CEN y que evolucionaría a una falta de colaboración y hasta a la comisión de agravios que, por animadversión hacia mí, trasladaron a la ODCA en tres principales vertientes.

Hacer vacío a la ODCA: Durante estos tres años, el PAN no cumplió con sus obligaciones estatutarias de enviar representantes a las actividades oficiales y presentar informes. Funcionarios mexicanos y extranjeros han sido presionados para que no colaboren en este esfuerzo continental.

Veto permanente a Manuel Espino y sus colaboradores: Quienes laboraron en el CEN que presidí han sido bloqueados permanentemente en candidaturas y cargos públicos y de partido. Se despidieron más de cien empleados del CEN que trabajaban ahí desde antes de mi llegada a la presidencia del partido.

Presión mediática: Max Cortázar ha pugnado desde Los Pinos para dañarme con difusión de información apócrifa. Tanto mis escritos como la información institucional que he generado han navegado contra la corriente de la censura oficial.

Ahora que se acerca el final de mi gestión como presidente de ODCA, en el Comité Ejecutivo Nacional he sido acusado en falso de incurrir en irregularidades para mantenerme al frente de ODCA y de postular al Presidente de la República de Colombia, Álvaro Uribe, como mi sucesor.

No obstante haber acordado con César Nava conversar para buscar la postulación de un panista para relevarme como presidente de la ODCA, no se ha dado ese diálogo. En alguna ocasión César me dijo que Calderón pretendía promover como líder de esta organización a Germán Martínez, pretensión que después fue declinada sin yo saber las causas.

No obstante estos agravios, reitero mi respaldo total al gobierno de la República y al Comité Ejecutivo Nacional del PAN en todo cuanto sea para bien de México y para conservar el prestigio de Acción Nacional. Ratifico mi determinación de no tolerar la desviación del partido, como un panista comprometido con los principios y las convicciones que orientan a Acción Nacional desde 1939 y que siguen vigentes para dignificar la política mexicana y para contribuir a la consolidación de nuestra ahora amenazada democracia.

miércoles, 28 de abril de 2010

¿Quién informa al Presidente?

Si la información es poder, el presidente Felipe Calderón actúa con base en un poder errado, dubitativo, probada y repetidamente fallido. Muy a su estilo, reacciona –que no acciona– ante información falsa o malintencionada, en casos de gran sensibilidad para la sociedad mexicana.

El discurso de Calderón se alimenta de la tarjeta improvisada o maledicente, de la frase susurrada en un momento de prisa, de la mentira que busca eludir la responsabilidad personal pero que permite demostrar que es él quien tiene el poder. Ausente está la información ponderada y exhaustivamente comprobada, la única que debe llegar a los ojos de un jefe de Estado.

Discurso presidencial probado y comprobado

Lo único probado y comprobado sobre el discurso presidencial es que no se trata de una fuente de confiable. A la crisis económica se suma una de credibilidad: la palabra de Felipe Calderón se ha devaluado más que el peso.

Incluso dentro del área toral de la administración Calderonista, la seguridad pública, se habla y se decide con base en información falsa.

Pocas veces el discurso presidencial ha sido tan dañino socialmente como cuando Felipe Calderón acusó de ser pandilleros a un grupo de estudiantes y deportistas ejemplares, tan sólo porque fueron asesinados en el principal frente de batalla de su guerra contra el narcotráfico, Ciudad Juárez. Al dolor de haber perdido a sus hijos, las familias de Villas de Salvárcar añadieron el de ver manchada su memoria desde el podio presidencial.

Dolor e indignación similares experimentaron los seres queridos del agente aduanal Francisco Serrano, actualmente desaparecido, cuando Calderón afirmó falsamente que había muerto. Por este terrible yerro, vimos por primera vez que Los Pinos desmintió en comunicado oficial al Presidente. De dar pena.

Se ha comprobado que se declaró la guerra al narcotráfico con base en datos inflados por interés o ignorancia: ni el consumo ni la violencia habían crecido tanto como dijo el gobierno. Los datos duros, por el contrario, muestran que el robo, el asalto, el secuestro, afectaban al pueblo mexicano mucho más que los narcotraficantes. El peor derramamiento de sangre sobre territorio nacional en un siglo es consecuencia de información no comprobada.

Recientemente el presidente dijo que 90% de los caídos en la guerra son delincuentes y el resto inocentes. Esta aventurada declaración recibió críticas a diestra y siniestra: ¿qué autoridad investigó y juzgó a esas 22,700 personas? ¿Qué información justifica que el presidente los sentencie ante la opinión pública?

Otro caso muy sonado fue cuando el presidente tomó por cierto que Rafael Muñoz, ex delegado de la SEMARNAT en Quintana Roo, incurrió en irregularidades. Sin el debido proceso administrativo, sin investigación alguna ni otorgar a Muñoz la justa oportunidad de defenderse, el presidente lo despidió sorpresivamente durante la celebración de un evento público. En las siguientes semanas se hizo escarnio de él. Dos años después, tras averiguaciones serias y aportación de pruebas, Rafael Muñoz mantiene su honorabilidad plenamente acreditada. Sin embargo, el golpe recibido por una reacción desmedida de Calderón fue brutal e inmerecido.

En lo personal, he padecido reiteradamente las consecuencias de que el presidente actúe de manera acelerada e irreflexiva ante cualquier rumor. Aunque no fue la primera ni la última vez, narro una anécdota que ejemplifica el actuar de Felipe Calderón.

Tres años atrás, durante una gira por España a la que me llevaron mis obligaciones como presidente de una organización internacional, encomié la valentía que Felipe Calderón mostró al enfrentar al crimen organizado. Contrastando con el presidente español que buscaba acordar con terroristas, dije que los mexicanos sentíamos orgullo porque nuestro líder no negociaba con los delincuentes, sino los combatía.

Días después Calderón llegó a España. Alguien le dijo de manera malintencionada que el suscrito había estado el día anterior en esas tierras intentando sabotear su gira y enemistarlo con el gobierno ibérico. El presidente dio crédito a ese rumor, sin pararse a comprobar lo que realmente dije. Como consecuencia, por meses sufrí una campaña de desprestigio mediático dirigida desde las oficinas de comunicación de Los Pinos.

Política es palabra

Decía Carlos Castillo Peraza que política es palabra que se ofrece, que se empeña, que sirve de puente para el diálogo y el encuentro entre diferentes.

Pero la política es palabra, también, negativamente. Palabra irreflexiva, palabra airada, palabra lanzada bajo el influjo de la cólera, que no se basa en la información comprobada, sino en el impulso emocional.

Quiero pensar que gran parte de estos yerros no son atribuibles a Calderón, pues el principal afectado es él. Después de todo, sus altas responsabilidades hacen necesario que tenga un equipo que le supla de información, que puede estar interesado en utilizar el podio presidencial para su beneficio.

En los asesores de Los Pinos, el comunicador del Presidente, en quienes recaban inteligencia desde la SEGOB y desde el aparato procurador de justicia, en su equipo de discursos, hay intrigas palaciegas e intereses del más alto –y más bajo– nivel.

Urge acabar con esta incertidumbre. No es coincidencia que la disciplina, la ponderación y la mesura sean sello del hombre de Estado, pues uno de sus deberes primarios es generar confianza en su pueblo, utilizar su tribuna para motivar y guiar a los mexicanos. Ese objetivo jamás será logrado mientras el dato falso sea el cimiento de la palabra presidencial.

lunes, 19 de abril de 2010

Monopolio político

En días recientes Felipe Calderón honró una promesa de campaña y presentó una iniciativa de ley contra los monopolios. Aunque dicho esfuerzo legislativo cuenta con nimias posibilidades de superar la oposición del Poder Legislativo y la fortaleza de los intereses que busca limitar, es una paradoja que un gobernante pretenda combatir los monopolios en la vida económica mientras intenta construirlos en la vida pública.

Compartir el poder

Ciertamente, el Partido Revolucionario Institucional ha sido el principal monopolizador político de la historia mexicana. En el apogeo del priato el poder estaba de manera terminantemente exclusiva en las filas del tricolor.
Sin embargo, durante los últimos sexenios varios presidentes —casi todos obligados, algunos pocos motu proprio— fueron cediendo espacios a la sociedad y a diversos grupos políticos. Incluso los últimos mandatarios priistas, sobre todo Ernesto Zedillo, aprendieron a compartir el poder. Durante el sexenio de Vicente Fox, la sociedad mexicana tuvo posibilidades inéditas de participar, de decidir, de ejercer su potestad sobre el rumbo de la nación.
Este lapso democrático duró demasiado poco: no podemos dudar que el calderonato ha intentando denodadamente monopolizar la vida política mexicana. En su sexenio muchas de las herramientas de control que ya creíamos muertas retornaron con renovado vigor a la política mexicana.
Afortunadamente, hoy la sociedad y la clase política ya no están dispuestas a regresar los espacios que tantos años les costó ganar. Así, los intentos monopolizadores de los calderonistas se han limitado a un coto de poder político: el Partido Acción Nacional.

El mando unipersonal

Si el monopolio es esencialmente la ausencia de competencia, hoy el PAN padece uno que se ajusta exactamente a la definición del término: todo el mercado político está acaparado por un único ofertante.
En poco más de dos años, la tradición democrática construida durante décadas fue relegada. Los panistas siempre nos habíamos enorgullecido de estar forjados en la dura fragua de la competencia interna fraterna y apasionada, de contiendas equitativas entre hombres y mujeres libres e iguales. Hoy, ese ánimo de competir prácticamente ha muerto.
El gran monopolizador indica quién ha de ser candidato, quién ha de ocupar un cargo en la dirigencia partidista, quién ejerce el poder subrogado que él le concesiona. El veto, la designación directa, la ausencia de consulta a los militantes, hoy son métodos habituales.
Si acaso, de manera escenográfica se simulan competencias y se manipulan procesos, en los que todos conocen quienes habrán de ser no los ganadores, sino los concesionarios.

El buen demócrata por su casa empieza

Del recurrente afán de sometimiento del partido muy pocos se salvan. La excepción a la regla ocurre donde los panistas logran hacer valer su mística democrática. Es el caso de la elección de candidato a gobernador de Chihuahua donde la postulación no fue un "dedazo" sino la libre postulación a cargo de la sociedad y los militantes del PAN. Ahí se engrandecen Acción Nacional y su abanderado.
Porque un partido digno y libre enriquece a la vida social en su conjunto e irradia sentido cívico y espíritu participativo a todos los ciudadanos, también a los que no son militantes, ayudando a represtigiar la política. Porque sólo a través de una relación democrática entre gobierno y partido se podrá forjar un estilo humanista de ejercer el poder, para hacer una nueva historia.

lunes, 12 de abril de 2010

Fracaso anticipado de las coaliciones

Una coalición electoral sustentada en los valores de la democracia es una herramienta completamente legítima, que puede allanar el camino hacia transformaciones políticas y sociales de la mayor trascendencia histórica.
Sin embargo, las coaliciones que se proyectan para los próximos procesos electorales son un galimatías que pocos entienden y emblema del deterioro de los partidos, que optaron por la promiscuidad ideológica. En la mayoría de los casos, estos amancebamientos se han construido al vapor, sin tomar en cuenta a las militancias de los partidos ni la opinión de la sociedad, con base en decisiones cupulares que sólo responden a un interés: tomar el poder por asalto.
Quizá lo más grave es que algunas de esas alianzas no tienen un proyecto que las sustente y que las dote de objetivos políticos y gubernamentales loables, de propuestas que despierten interés en la ciudadanía. Por ello, es posible augurar que, incluso en el remoto caso de que alguna coalición triunfe en las urnas, en lo político serán un fracaso para los partidos.
Por ejemplo, si las coaliciones que encabezan Rafael Moreno Valle y Miguel Ángel Yunes, en Puebla y Veracruz, obtuvieran una mayoría de votos, el triunfo político sería reclamado por Elba Esther Gordillo con quien, sin razón, el presidente Calderón se siente en deuda.
Ciertamente, Rafael Moreno Valle realmente ha mostrado una adhesión legítima y un compromiso con Acción Nacional. Sin embargo, lo más probable es que los partidos coaligados estén trabajando por un improbable éxito cuyo mérito les sería negado y tan sólo serviría para acrecentar el poder de “La Maestra”.
En el caso de Oaxaca, si la alianza prevalece electoralmente Andrés Manuel López Obrador y Gabino Cué se arrogarán todo el crédito. Con ello, nuestro presidente, Felipe Calderón, vería fortalecerse a su principal detractor, quien ni siquiera lo ha reconocido como primer mandatario.
En Sinaloa el éxito de la alianza acarrearía graves consecuencias. De triunfar la alianza encabezada por Mario López Valdez, “Malova”, el gran ganador sería el ex gobernador priísta Juan Sigfrido Millán. Además, el crimen organizado despejaría su campo de maniobra.
El paisaje político de Chihuahua tampoco es muy halagüeño, pues las cúpulas han mostrado su alejamiento de las militancias de los partidos. En una acción que hoy resulta sorprendente, el PAN eligió un candidato panista, un hombre formado en el humanismo político y electo en un proceso democrático digno de las mejores tradiciones blanquiazules. Sin embargo, no cuenta con el apoyo del Comité Ejecutivo Nacional ni de Los Pinos. Retos similares enfrenta el candidato del PRI, quien también es un militante que ganó con todas las de la ley y aún así carece del respaldo de su gobernador.
En Tlaxcala, la militancia de Acción Nacional sufrió la cruda imposición de una candidata desde Los Pinos, causa suficiente para vaticinar una derrota. En Aguascalientes, vemos a un gobernador panista apostado abiertamente por el PRI. Así de contaminado está el ambiente político.
Por todo ello, las alianzas no rendirán fruto alguno para el PAN y el PRD; a pesar del desgaste que han sufrido para consolidarlas, no verán fortalecidos su prestigio, su vida interna y —mucho menos— su militancia.

Pérdida de los partidos, ganancia de los ciudadanos

La gran lección que las alianzas brindarán a los partidos es que necesitan urgentemente fortalecer la ideología que los hace distintos y distinguibles ante el electorado, así como el talante ético de sus candidatos y su democracia interna.
Para los ciudadanos sin partido, la lección es otra: este panorama abre la oportunidad de impulsar una visión más social de la arena electoral. El desprestigio del sistema de partidos debe servir como catalizador para que el ciudadano incline la balanza del sistema político a su favor. Los mexicanos pueden ganar, influir decisivamente en la conformación de perfiles, en la designación de candidatos, en la demanda de proyectos que den rumbo y claridad a la oferta electoral.
La oportunidad está allí. Si ya se conformaron estas alianzas fallidas de origen, no profundicemos en el error desaprovechando las oportunidades que su fracaso brindará a nuestro sistema político.

martes, 23 de marzo de 2010

Estaré hoy en vivo por el canal NTN-24 a las 16:30 (Centro) desde Bogotá. Para verlo da click:

Para verlo por internet: http://www.ntn24.com/senal.html
Para verlo por SKY-México, canal 635.
Saludos,
Manuel Espino

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Guerra contra el crimen y coordinación intergubernamental

Esta semana quedó claro por qué la mejor política de seguridad pública debe arrancar de la actitud movida por sentimientos auténticamente humanos, ajenos a todo partidarismo, a toda búsqueda de ganancias políticas y a todo empecinamiento personal.
Ante el clamor desesperado de los ciudadanos por seguridad pública, en Ciudad Juárez vimos dos respuestas gubernamentales profundamente distintas.
Por un lado, el gobierno mexicano mantiene una estrategia de guerra contra el crimen organizado que ha causado el mayor derramamiento de sangre sobre territorio nacional desde la Revolución.
Aunque durante este tiempo muchos se han empeñado en hacer creer que los ejecutados eran todos delincuentes y que “los criminales se están matando entre ellos”, a últimas fechas se ha evidenciado lo que los habitantes de la frontera siempre hemos sabido: que la violencia victimiza a culpables e inocentes por igual, mientras desde las más altas esferas del poder Ejecutivo se frenan los cambios que pudieran detener este dolor humano.
El académico José Antonio Crespo afirmó que “según el Buró de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego de EU, han entrado a México, en los últimos tres años, aproximadamente 900 mil armas. En contraparte, según autoridades mexicanas durante este gobierno se han decomisado 30 mil armas, es decir, apenas el 3% del total de armas ilegales que ha entrado en el mismo lapso.” Ello nos da una idea de la objetividad que hace falta en los gobernantes de este lado de la frontera y del manejo con tintes propagandístico que se está dando a los resultados de la guerra.
En las antípodas de esta actitud, tras el asesinato de tres ciudadanos en Ciudad Juárez, el gobierno de Barack Obama ha lanzado una triple ofensiva que avanza por caminos diplomáticos, políticos y policiales.
La Casa Blanca no necesitó miles de homicidios para voltear a ver a Ciudad Juárez. Bastaron tres para demostrar de manera firme y contundente que el embajador Carlos Pascual, Janet Napolitano, Hillary Clinton, el gabinete de seguridad estadounidense, diversas agencias policiacas y el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, tienen un compromiso denodado con la seguridad de su pueblo.
Aunque hay lazos históricos, culturales, familiares y económicos que trascienden la frontera para hacer de Ciudad Juárez y El Paso una sola comunidad, contrastan porque la primera es la Ciudad más violenta del mundo (por segundo año consecutiva) y la segunda se reconoce como la más segura de Estados Unidos. La respuesta a esa lacerante realidad es hoy más evidente que nunca.

Visión de Estado en el combate a la inseguridad

El negativo derrotero que ha seguido la guerra contra el crimen se ha debido, entre otros muchos factores, a que desde un principio no hubo coordinación entre los gobiernos mexicano y estadounidense.
Es evidente que el narcotráfico es un problema que requiere una respuesta internacional, pero el presidente Calderón declaró apresuradamente la guerra (en la primera quincena de su mandato) y no dejó lapso alguno para coordinarse con nuestros vecinos del norte. Hoy vemos, y padecemos, las consecuencias.
Quizá la presente situación abra un espacio para reconocer la urgencia de replantear la estrategia y coordinarse no sólo con el gobierno estadounidense, sino también con los estados y los municipios, a los que se lanzó a una guerra de consecuencias potísimas sin tender los debidos puentes de colaboración.
Es hora de que nuestro gobierno muestre visión de Estado y actúe de manera coordinada con todos quienes se ven afectados por esta guerra, defendiendo la dignidad de México ante Estados Unidos, pero también respetando la soberanía de las 32 entidades federativas y la autonomía de los municipios, cuyos espacios de libertad y autodeterminación son esenciales para guardar los equilibrios del pacto federal.
Ojalá y esta oportunidad no sea desperdiciada. Ojalá y prevalezca la humildad y el ánimo de corregir. Ojalá y se reconozca que la fuerza interior y exterior contra el desorden solamente la pueden tener los pacíficos. Porque sólo así este derramamiento de sangre podrá llegar a su fin.

lunes, 22 de marzo de 2010

Invito amigos panistas de B Juárez y DF a dialogar sobre Esfuerzo Nal que llevamos a cabo Mié 24 Mar 19hs Sacramento 354 del Valle RSVP

 

VOLVER A EMPEZAR

Un llamado a la perseverancia desde la democracia cristiana.

 

Invito a mis amigos panistas de la delegación Benito Juárez y de todo el Distrito Federal a dialogar sobre el esfuerzo nacional Volver a Empezar que estamos realizando en todo el país.

 

Nos reuniremos en nuestra querida casa de Sacramento 354, esquina California, Colonia Insurgentes San Borja, a las 19 hrs.

 

Por favor confírmame tu asistencia a manuel@manuelespino.org.mx.

 

Manuel Espino

http://www.manuelespino.org.mx 

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